¿Qué enseña la Biblia sobre la resurrección de los muertos?



De acuerdo con el Diccionario Expositivo de W. E. Vine, la palabra resurrección se vierte de la palabra griega anastasis (νάστασις) que significa un levantamiento (ana, arriba, y jistemi, poner en pie). Esta es la palabra que se usa para resurrección por alrededor de 50 veces en las Escrituras Griegas Cristianas.
Sobre la resurrección hay muchos mitos y creencias diferentes, pero casi toda religión llamada cristiana cree en la resurrección corporal con destino celestial. Debo decir que los testigos de Jehová creen en dos clases de resurrecciones, una resurrección corporal para los que vivirán en la tierra y una en espíritu para un selecto grupo de 144.000 escogidos que vivirán en el cielo. A continuación se presentará un análisis literal, contextual y racional de lo que dice la Biblia sobre la resurrección de los muertos.

RESURRECCIONES EN LA BIBLIA

En el Antiguo Testamento se alista varias resurrecciones efectuadas por los profetas Elías y Eliseo (1 Reyes 17:17-23; 2 Reyes 4:31-37; 13:20,21). Naturalmente estas fueron resurrecciones donde los que fueron levantados de la muerte siguieron viviendo una vida normal hasta que murieron nuevamente, pero fueron realidades confirmadas por testigos. Jesucristo también levantó muertos a la vida durante su estancia en la tierra. Se registra la de la hija de Jairo el presidente de la sinagoga y el hijo de la viuda de la ciudad de Naín. (Marcos 5:38-41; Lucas 7:11-17) Y la más conocida fue la de su amigo Lázaro, quien llevaba cuatro días de estar muerto y enterrado. (Juan 11:38-44) Más adelante se registran dos resurrecciones adicionales, la de Dorcas ejecutada por Pedro, y la de Eutico por Pablo. ((Hechos 9:36-42; 20:7-12) En todas estas al igual que las realizadas por Elías y Eliseo los que fueron resucitados siguieron viviendo sus vidas hasta que murieron por segunda vez. Han pasado casi 20 siglos después que murieron tanto los que realizaron las últimas resurrecciones como los que fueron resucitados, de manera que surgen las preguntas: ¿Qué base da la Biblia para la resurrección? ¿Qué dice ella sobre la resurrección de Cristo? ¿Quiénes resucitarán, cuándo y dónde vivirán? ¿Se resucita en cuerpo físico o espiritual?

LA BASE DE LA RESURRECCIÓN

La esperanza en la resurrección está garantizada por el propio Hijo de Dios, quien dijo: “… Yo soy la resurrección y la vida. El que ejerce fe en mí, aunque muera, llegará a vivir”. (Juan 11:25) También habló sobre su alcance en el evangelio de Juan 5:28,29 (NVI): “No se asombren de esto, porque viene la hora en que todos los que están en los sepulcros oirán su voz, y saldrán de allí. Los que han hecho el bien resucitarán para tener vida, pero los que han practicado el mal resucitarán para ser juzgados”. Pablo se refiere a ella, como la resurrección de los justos e injustos (Hechos 24:15). La base de la resurrección la establece el propio Dios al resucitar a su Hijo de entre los muertos (Hechos 17:31). Por lo que no debe extrañar que la resurrección de Cristo fuera un tema presente en la predicación de los apóstoles. (Hechos 2:24, 32; 3:15, 26; 4:10; 5:30; 10:40; 13:30;17:3, 31; 26:8) Si somos de las personas que profesamos ser cristianos, seguramente queremos saber todo lo que la Biblia habla sobre la resurrección y en particular sobre la resurrección de Cristo y de qué manera nos afecta a nosotros.  

LA RESURRECCIÓN DE CRISTO

Jesús murió a una hora avanzada del viernes 14 de Nisán del año 33 E.C. Por lo que los preparativos fúnebres no podían hacerse hasta el domingo, ya que el sábado era día de descanso judío. Las mujeres que servían a Jesús fueron las primeras en llegar muy temprano el domingo, pero el cuerpo del Señor no estaba en el sepulcro como ellas esperaban. (Lucas 23:54-56; 24:1-3). Aunque ellas no lo sabían, él había sido resucitado. El registro bíblico alista varias apariciones de Cristo resucitado a los suyos. ¿Pudieran estas arrojar alguna luz que nos ayude a determinar en qué forma fue resucitado Cristo, si en carne o en espíritu? Analicemos cada una de ellas.

La primera aparición fue a María Magdalena. ¿Quién fue esta mujer? En el relato de Lucas 8:1-3 se puede ver que ella era una de las discípulas destacadas que acompañaban siempre a Cristo junto con los doce apóstoles. Posiblemente lo estuvo haciendo por alrededor de dos años antes de morir Cristo por lo que lo conocía muy bien.  El relato de lo que sucedió en esta primera aparición se encuentra en Juan 20:11-16 (DHH) que dice: “María se quedó afuera, junto al sepulcro, llorando. Y llorando como estaba, se agachó para mirar dentro, 12 y vio dos ángeles vestidos de blanco, sentados donde había estado el cuerpo de Jesús; uno a la cabecera y otro a los pies. 13 Los ángeles le preguntaron: Mujer, ¿por qué lloras? Ella les dijo: Porque se han llevado a mi Señor, y no sé dónde lo han puesto. 14 Apenas dijo esto, volvió la cara y vio allí a Jesús, pero no sabía que era él. 15 Jesús le preguntó: Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando que era el que cuidaba el huerto, le dijo: Señor, si usted se lo ha llevado, dígame dónde lo ha puesto, para que yo vaya a buscarlo. 16 Jesús entonces le dijo: ¡María! Ella se volvió y le dijo en hebreo:  ¡Rabuni! (que quiere decir: “Maestro”).

Al leer el relato la primera pregunta que nos viene a la mente es, ¿cómo es posible que no haya reconocido a su Maestro al confundirlo con el jardinero?  ¿Sería porque él estaba vestido diferente o porque las lágrimas no le permitían a ella ver bien, como dicen algunos comentaristas bíblicos? Obviamente estas razones no son nada convincentes. Una cosa si es segura, aquel hombre al que ella confundió con el jardinero era un desconocido para ella, sin embargo era el Cristo resucitado. Hay que señalar que la voz del Señor tampoco le llegó a ser familiar, solo cuando la llamó “¡María!” fue que ella reconoció que era su Maestro.

La segunda aparición fue ese mismo día, fue a dos de sus discípulos que iban de regreso a la ciudad de Emaús, está narrada en Lucas 24:13-32 (BLA): “Aquel mismo día dos discípulos se dirigían a un pueblecito llamado Emaús, que está a unos doce kilómetros de Jerusalén, 14 e iban conversando sobre todo lo que había ocurrido. 15 Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se les acercó y se puso a caminar con ellos, 16 pero algo impedía que sus ojos lo reconocieran. 17 él les dijo: "¿De qué van discutiendo por el camino?" Se detuvieron, y parecían muy desanimados. 18 Uno de ellos, llamado Cleofás, le contestó: "¿Cómo? ¿Eres tú el único peregrino en Jerusalén que no está enterado de lo que ha pasado aquí estos días?" 19 ¿Qué pasó?, les preguntó. Le contestaron: "¡Todo el asunto de Jesús Nazareno! "Era un profeta poderoso en obras y palabras, reconocido por Dios y por todo el pueblo. 20 Pero nuestros sumos sacerdotes y nuestros jefes renegaron de él, lo hicieron condenar a muerte y clavar en la cruz. 21 Nosotros pensábamos que él sería el que debía libertar a Israel. Pero todo está hecho, y ya van dos días que sucedieron estas cosas. 22 En realidad, algunas mujeres de nuestro grupo nos han inquietado, 23 pues fueron muy de mañana al sepulcro y, al no hallar su cuerpo, volvieron hablando de una aparición de ángeles que decían que estaba vivo. 24 Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y hallaron todo tal como habían dicho las mujeres, pero a él no lo vieron. 25 Entonces él les dijo: "¡Qué poco entienden ustedes y qué lentos son sus corazones para creer todo lo que anunciaron los profetas!" 26 ¿No tenía que ser así y que el Mesías padeciera para entrar en su gloria?" 27 Y les interpretó lo que se decía de él en todas las Escrituras, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas. 28 Al llegar cerca del pueblo al que iban, hizo como que quisiera seguir adelante, 29 pero ellos le insistieron diciendo: "Quédate con nosotros, ya está cayendo la tarde y se termina el día. Entró, pues, para quedarse con ellos. 30 Y mientras estaba en la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. 31 En ese momento se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero él desapareció”.

No sabemos si el Señor hizo todo el viaje con ellos, pero lo cierto fue que ellos no lo reconocieron al igual que María Magdalena. Pensaron que era un forastero en Jerusalén. Solo cuando tomó el pan, lo bendijo, lo partió y empezó a dárselo fue que ellos lo reconocieron. Se sabe que ellos no tuvieron en la Cena con Cristo, pero quizás estaban cuando Cristo alimentó milagrosamente a miles (Mateo 14:19; 15:36). Es muy probable que de ahí les vino el recuerdo de cuando Jesús bendijo el pan y empezó a distribuirlo. Pero es importante notar la diferencia que hay entre el versículo 15 y el 31, en el primero dice que Cristo se les acercó, posiblemente caminando, pero en el 31 dice que él desapareció, indicando que fue de manera súbita.

Las próximas tres apariciones fue a sus apóstoles. En la primera curiosamente están presentes los dos discípulos de Emaús, ellos están allí contándoles a los apóstoles su experiencia con el Señor. La reunión se describe en Lucas 24:35-43 (DHH): Entonces ellos dos les contaron lo que les había pasado en el camino, y cómo reconocieron a Jesús cuando partió el pan. 36 Estaban todavía hablando de estas cosas, cuando Jesús se puso en medio de ellos y los saludó diciendo: Paz a ustedes. 37 Ellos se asustaron mucho, pensando que estaban viendo un espíritu. 38Pero Jesús les dijo: ¿Por qué están asustados? ¿Por qué tienen esas dudas en su corazón? 39 Miren mis manos y mis pies. Soy yo mismo. Tóquenme y vean: un espíritu no tiene carne ni huesos, como ustedes ven que tengo yo. 40  Al decirles esto, les enseñó las manos y los pies. 41  Pero como ellos no acababan de creerlo, a causa de la alegría y el asombro que sentían, Jesús les preguntó: ¿Tienen aquí algo que comer? 42 Le dieron un pedazo de pescado asado, 43 y él lo aceptó y lo comió en su presencia”.

Aquí hay aspectos interesantes en este pasaje. Aquí se está tratando de personas que convivieron con Cristo por más de tres años. Lo normal en este caso hubiera sido que al verlo nuevamente y vivo le dieran una gozosa bienvenida, pero contrariamente se quedaron aterrorizados al verlo porque creyeron que era un espíritu. No era para menos, ya que no se acercó a ellos caminando sino que apareció de súbito en medio de ellos. Aparentemente no era un espíritu porque tenía carne y huesos, incluso les enseñó las heridas de las manos y los pies y los invitó a que lo tocaran para que salieran de dudas y finalmente comió delante de ellos. Aun así surge una interrogante, si resucitó con el mismo cuerpo que murió ¿por qué no lo reconocieron? Observemos que Lucas no menciona que los dos discípulos de Emaús que estaban allí reunidos y habían estado con Cristo resucitado poco tiempo antes lo reconocieran, ellos también estaban aterrados. Hasta ahora todo parece muy confuso.

En esta aparición Tomás no estaba, Cuando los demás apóstoles le contaron que habían visto al Señor, él contestó: "“A menos que vea en sus manos la marca de los clavos y meta mi dedo en la herida de los clavos y meta mi mano en su costado, jamás lo voy a creer”. (Juan 20:25) Leamos en Juan 20:26-29 la segunda aparición a sus apóstoles incluyendo a Tomás: “Ahora bien, ocho días después, sus discípulos estaban dentro otra vez, y Tomás con ellos. Jesús vino, aunque las puertas estaban aseguradas con cerradura, y estuvo de pie en medio de ellos y dijo: “Tengan paz”. Dijo entonces a Tomás: “Pon tu dedo aquí, y ve mis manos, y toma tu mano y métela en mi costado, y deja de ser incrédulo, y hazte creyente”. En contestación, Tomás le dijo: “¡Mi Señor y mi Dios!”. Jesús le dijo: “¿Porque me has visto has creído? Felices son los que no ven y sin embargo creen”.

En este relato aparece un detalle nuevo, aunque Jesús volvió aparecerse en medio de ellos de manera instantánea como la vez anterior, Juan incluyó el hecho de que las puertas estaban cerradas con llave. Pasar a través de puertas o paredes es imposible para un cuerpo humano. Juan no dice nada de que ahora se hayan asustados, pero evidentemente no era el Cristo humano que había conocido Tomás. De ser así no tendría sentido de probar que era realmente el Cristo pidiéndole que metiera su mano en el costado de su cuerpo.

Posiblemente la última aparición registrada a sus discípulos aparece en Juan 21:1-14. Fue junto al mar de Tiberíades, siete de sus discípulos estaban pescando cuando ya justo estaba amaneciendo. Leamos los versículos 5-7: “Entonces Jesús les dijo: “Niñitos, no tienen nada de comer, ¿verdad?”. Le contestaron: “¡No!”. 6 Él les dijo: “Echen la red al lado derecho de la barca, y hallarán”. Entonces la echaron, pero ya no podían sacarla a causa de la multitud de peces. 7 Por lo tanto, aquel discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro: “¡Es el Señor!”. Entonces Simón Pedro, al oír que era el Señor, se ciñó su prenda de vestir de encima, porque estaba desnudo, y se lanzó al mar”. Es cierto que estaba amaneciendo cuando Jesús se presentó, y es muy posible que estuvieran pescando un poco alejado de la orilla y no podían distinguirlo bien. Pero Cristo les habló dos veces en voz alta y tampoco reconocieron su voz. ¿Olvidaríamos la voz de alguien con quien convivimos día a día por más de tres años? ¡Imposible! Solo reconocieron que era el Señor por el milagro, no por su apariencia ni por su voz.

Resumiendo sus apariciones: María Magdalena lo confundió con el hortelano y solo lo reconoció por la manera que dijo su nombre. Los dos discípulos de Emaús pensaron que era un forastero y supieron que era él cuando bendijo el pan y se los dio. A los apóstoles les dio mucho miedo creyendo que era un espíritu o fantasma por lo que él les dijo que lo tocaran y vieran sus heridas. Tomás solo creería si metía sus manos en las heridas de Jesús aunque no sabemos si llegó a hacerlo. Y en el Tiberíades tampoco lo reconocieron, solo por el milagro de los peces. Preguntémonos, ¿qué explicación bíblicamente razonable pudiera ayudarnos a entender por qué nadie de las amigas y amigos cercanos de Cristo no reconocieron ni su apariencia física ni su voz después de haber resucitado? Es imposible olvidar el rostro y la voz de alguien cercano después de solo 3 o 4 días de ausencia.

No hay duda de que después de su muerte, Jesús siempre se apareció a todos ellos con un cuerpo visible de carne y hueso que podía alimentarse como cualquier humano, pero evidentemente no era el mismo cuerpo antes de morir. Por otra parte, si Cristo hubiese resucitado en espíritu, ¿cómo hubiera hecho posible presentarse a ellos visiblemente? La única manera demostrable con la Biblia es lo que se conoce como la materialización, es decir hacer que algo que no es material se haga una realidad perceptible para otros como puede ser tomar forma humana. Si Cristo lo hizo, parece haber tomado cuerpos diferentes en cada ocasión, de cualquier manera no fue nada nuevo. Hay muchos casos registrados en la Biblia de ángeles que lo hicieron en el pasado. No solo tomaban forma humana también podían actual como tales. Consideremos algunos ejemplos; tenemos el caso de los ángeles desobedientes en los días de Noé, con su cuerpo materializado pudieron engendrar hijos con las mujeres de aquel tiempo. (Genesis 6:1-4; Judas 6) Tres ángeles se aparecieron a Abrahán y dos a Lot y comieron con ellos. (Génesis 18:1-5; 19: 1-3). A Josué se le apareció un ángel con apariencia de soldado (Josué 5:13-15); A Gedeón se apareció un ángel con cuerpo humano que desapareció de súbito de su vista (Jueces 6:11-22). Todas estas criaturas espirituales tenían el poder de materializarse y desmaterializarse instantáneamente como posiblemente lo hizo Jesús cuando apareció y desapareció súbitamente en medio de sus apóstoles. Si no fue de esa manera, ¿qué otra explicación podemos encontrar en la Biblia? Claro, sabemos que hay muchas teorías humanas que tratan de explicarlo, pero sin ningún fundamento bíblico.
    
DOS RAZONES DE PESO

Pero si podemos encontrar en la Biblia por lo menos dos razones de peso que nos lleva a razonar en la imposibilidad de una resurrección corporal de Cristo. Una tiene que ver con su posición prehumana y la otra y más importante está relacionada con la salvación de la humanidad. Antes de llegar a ser humano, Cristo era un espíritu como su Padre (Juan 4:24) Su gloria anterior en el cielo está registrada en Colosenses 1:15-17 (LBLA) al decir: “Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda creación. Porque en él fueron creadas todas las cosas, tanto en los cielos como en la tierra, visibles e invisibles; ya sean tronos o dominios o poderes o autoridades; todo ha sido creado por medio de él y para él. Y él es antes de todas las cosas, y en él todas las cosas permanecen”. De manera que además de ser un espíritu disfrutaba de una alta posición gloriosa en el cielo. Pero todo cambió cuando nació como humano, es verdad que fue perfecto, pero en su naturaleza humana tomó la forma de un esclavo y llegó a ser inferior a los ángeles. (Filipenses 2:7; Hebreos 2:7).

Ahora a punto de concluir su asignación en la tierra, y de retornar al cielo donde él pertenecía, le pidió al Padre lo siguiente: “Así que ahora, Padre, glorifícame al lado de ti mismo con la gloria que tenía al lado de ti antes que el mundo fuera” (Juan 17:5). Sabemos que su Padre lo ensalzo a un puesto superior al que tenía antes, una  posición muy por encima de todo, incluyendo a los ángeles (Filipenses 2:9-11; Efesios 1:21; Hebreos 1:4). Aun así, el solo hecho de ser resucitado con el mismo cuerpo físico [humano] con el que murió (un cuerpo que lo hacía inferior a los ángeles), aunque fuera un cuerpo glorificado, no sería el mismo cuerpo espiritual que tenía antes.

Como se mencionó antes la segunda razón y la más importante es la relación de su cuerpo humano con la salvación de la humanidad. Este hecho había sido mencionado proféticamente un poco más de 700 años antes de Cristo venir a la tierra. Dios inspiró al profeta Isaías para que describiera lo que sucedería con el cuerpo físico de nuestro Señor.  El profeta dice en Isaías 53:4-6 (NVI): “Ciertamente él cargó con nuestras enfermedades y soportó nuestros dolores, pero nosotros lo consideramos herido, golpeado por Dios, y humillado. Él fue traspasado por nuestras rebeliones, y molido por nuestras iniquidades; sobre él recayó el castigo, precio de nuestra paz, y gracias a sus heridas fuimos sanados. Todos andábamos perdidos, como ovejas; cada uno seguía su propio camino, pero el Señor hizo recaer sobre él la iniquidad de todos nosotros”. Tanto Pablo como Pedro aplicaron esta profecía a Jesucristo. Pablo escribió en 2 Corintios 5:21 (LBLA): “Al que no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que fuéramos hechos justicia de Dios en él”.  Por su parte Pedro dijo: “El cargó en su cuerpo con nuestros pecados en el madero de la cruz, para que, muertos a nuestros pecados, vivamos en ‘santidad’ (justicia). Y   sus heridas nos han sanado”. (1 Pedro 2:24 BLA 2005)

Posiblemente usted ya captó todo lo que está implicado en la profecía de Isaías explicada por Pablo y Pedro. El punto clave de esta profecía está en el hecho de que en el cuerpo humano perfecto de Cristo se echaría todos nuestros pecados en el madero de la cruz” o con su muerte. ¿De qué manera se cargó en su cuerpo nuestros pecados? Podemos entenderlo al repasar lo que sucedía el día de expiación en el antiguo Israel. Cada año en ese día, Jehová perdonaba los pecados cometidos por el pueblo, haciendo que estos fueron echados simbólicamente sobre un macho cabrío que después el sumo sacerdote lo ofrecía como sacrificio propiciatorio de los pecados cometidos por el pueblo durante ese año. (Levítico 16:15) Este sacrificio prefiguraba el sacrificio de Cristo. Pablo lo explica de la siguiente manera: “a quien Dios propuso para ser la víctima de propiciación en virtud de su sangre por medio de la fe, a fin de demostrar la justicia que da él mismo perdonando los pecados pasados” (Romanos 3:25 T. Amat). Su cuerpo muerto en la cruz fue un sacrificio de redención, fue el precio pagado por el rescate de nuestros pecados. (1 Corintios 6:20; 7:23; Hebreos 9:12; 1 Pedro 1:18,19)

El propio Cristo en la noche que celebró la Cena con sus apóstoles, dejó claro que ‘entregaría’ su cuerpo a favor de ellos, en Lucas 22:19 dijo: “Después tomó pan y, dando gracias, lo partió y se lo dio diciendo: “Esto es mi cuerpo, que es entregado por ustedes. Hagan esto en memoria mía.” (BLA) Su cuerpo humano perfecto fue entregado en sacrificio en la cruz a cambio del perdón de los pecados y la salvación de todos los que ejerzan fe en él. Su cuerpo fue dado a cambio de nuestra salvación, si se le hubiese dado el mismo cuerpo en la resurrección la redención de nuestros pecados hubiera quedado sin efecto. El apóstol Pedro confirmó que su muerte y resurrección cumplió con lo estipulado en el arreglo de la salvación. 1 Pedro 3:18 (DHH 1996) dice: “Porque Cristo mismo sufrió la muerte por nuestros pecados, una vez para siempre. Él era inocente, pero sufrió por los malos, para llevarlos a ustedes a Dios. En su fragilidad humana, murió; pero resucitó con una vida espiritual”. El que haya resucitado con una vida espiritual puede explicar porque después de su resurrección no fue reconocido por ninguno de sus discípulos, y el por qué podía aparecer súbitamente en medio de ellos y desaparecer de la misma manera. Ahora con relación a los muertos en Cristo podemos preguntarnos; ¿son levantados ellos con cuerpos espirituales de la misma manera que él? 

LA RESURRECCIÓN DE LOS CRISTIANOS

La doctrina de la resurrección es muy recurrente tanto en los evangelios como en los escritos apostólicos. En estos escritos se nos informa tanto del tiempo como el orden en que se efectuaría. Esto lo podemos ver en 1 Corintios 15:20-23 (LBLA) donde Pablo escribió: “Mas ahora Cristo ha resucitado de entre los muertos, primicias de los que durmieron. Porque ya que la muerte entró por un hombre, también por un hombre vino la resurrección de los muertos. Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Pero cada uno en su debido orden: Cristo, las primicias; luego los que son de Cristo en su venida”. Las primicias era un término muy usado entre los judíos con el que designaban los primeros frutos de la cosecha, indicando que después se recogería el resto del mismo fruto. Pablo aplicó este término a Cristo para indicar que él fue primero en ser resucitado de los muertos, y que después les tocaría a todos los que le pertenecen. Esta resurrección comenzaría durante la venida de Cristo.

Los cristianos de Tesalónica vivían en expectación constante en la venida del Señor, aguardaban con mucho entusiasmo su manifestación.  Pero la tristeza había venido sobre ellos debido a que algunos de sus hermanos habían muerto sin ver la venida de Cristo y estaban preocupados por no saber que sucedería con ellos. De manera que Pablo les escribe para animarlos con relación a sus hermanos muertos.  En 1 Tesalonicenses 4:15-17 (BLA) escribió: Les damos esto como palabra del Señor: nosotros, los que ahora vivimos, si todavía estamos con vida cuando venga el Señor, no tendremos ventaja sobre los que ya han muerto. Cuando se dé la señal por la voz del arcángel y la trompeta divina, el mismo Señor bajará del cielo. Y primero resucitarán los que murieron en Cristo. Después nosotros, los vivos, los que todavía estemos, nos reuniremos con ellos, llevados en las nubes al encuentro del Señor, allá arriba. Y estaremos con el Señor para siempre”.

De manera que la revelación dada a Pablo por el Señor parece sugerir un orden en la resurrección de los cristianos. Primero los que han muerto para el tiempo de la venida de Cristo, después los que estuvieran vivos serian resucitados a medida que murieran. Eso es lo que parece sugerir al Pablo decir; ‘primero’ resucitaran los que murieron y ‘después’ los que estemos vivos. El uso del adverbio “después” denota un tiempo futuro, que aunque puede ser aplicado como una continuación, también puede indicar más adelante o más tarde. De modo que apropiadamente no puede establecerse que serían arrebatados o llevados al cielo inmediatamente o al mismo tiempo que los resucitados.  Podemos llegar a un mejor entendimiento de lo que posiblemente quiso decir Pablo al leer 1 Corintios 15:51,52 (LBLA): “He aquí, os digo un misterio: no todos dormiremos, pero todos seremos transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la trompeta final; pues la trompeta sonará y los muertos resucitarán incorruptibles, y nosotros seremos transformados”. Observemos que este misterio revelado a Pablo revela que ‘no todos dormiremos [en la muerte], pero todos seremos transformados en un momento, en un abrir y cerrar de ojos’. Es evidente que hay un cambio drástico entre antes y después de la venida de Cristo con relación a la espera de los muertos para ser resucitados. Antes de la venida de Cristo, los cristianos que murieron tuvieron que dormir por un tiempo antes de ser resucitados. Después de su venida los que mueran serían transformados o resucitados en un abrir y cerrar de ojos, es decir que no tendrían que dormir en la muerte porque el cambio seria instantáneo. De lo que no puede haber duda es que sin importar el orden de la resurrección todos tienen que ser transformados como veremos más adelante.

Con la congregación de Corinto Pablo también se vio en la necesidad de abordar el tema de la resurrección. Pero a diferencia de los tesalonicenses, algunos de los cristianos corintios habían dejado de creer en la resurrección (1 Cor. 15:12,13). Al parecer Pablo conocía la razón, porque en 1 Corintios 15:35-38 (BTX) él pregunta: “Pero dirá alguno: ¿Cómo son resucitados los muertos? ¿Con qué clase de cuerpo vienen? ¡Insensato! Lo que tú siembras no es vivificado si no muere. Y lo que siembras: No siembras el cuerpo que llegará a ser, sino un grano desnudo, de trigo o de algún otro; pero Dios le da un cuerpo como él quiso, y a cada una de las semillas su propio cuerpo”. ¿Como resucitarán los muertos? es la pregunta clave aquí. Pablo usa una ilustración muy similar a la que fue usada por Cristo para señalar la necesidad de su muerte. En Juan 12:24 (BLA) Cristo dijo: “En verdad les digo: Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto”.

Ciertamente entre la semilla que muere y la planta que surge hay una continuidad pero transformada de manera diferente. Pablo lo explica más adelante cuando les dice: Así también es la resurrección de los muertos: Se siembra en corrupción, resucita en incorrupción; 43 se siembra en humillación, resucita en gloria; se siembra en debilidad, resucita con poder; 44 se siembra cuerpo animal, resucita cuerpo espiritual. Si hay cuerpo animal, hay también espiritual. 45 Así también está escrito: El primer hombre, Adán, fue hecho un ser viviente; el postrer Adán, un espíritu vivificante. 46 Pero no es primero lo espiritual, sino lo físico; luego, lo espiritual. 47 El primer hombre, sacado de la tierra, es terrenal; el segundo Hombre, venido del cielo. 48 Como el terrenal, así también los terrenales, y como el celestial, así también los celestiales. 49 Y así como exhibimos la imagen del terrenal, exhibiremos también la imagen del celestial. 50 Pero esto digo, hermanos: La carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios; ni la corrupción hereda la incorrupción. 51 He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos, pero todos seremos transformados(1 Cor. 15:42-51 BTX). De la misma manera que hay cuerpos físicos visibles y palpables, los hay espirituales que son invisibles y están fuera del alcance de los sentidos humanos.

Dado que el cuerpo humano no tiene la naturaleza necesaria para una vida celestial, tiene que haber un cambio del cuerpo terrenal a uno espiritual. Esa es la enseñanza que Pablo expresa de manera clara, la necesidad de una transformación del cuerpo material a uno espiritual a la imagen de Cristo, el apropiado para vivir en el cielo. (Rom. 8:29; 1 Cor. 15:49; 1 Juan 3:2) Esta transformación ocurre entre la muerte y la resurrección de la persona. Se puede ver por la ilustración de Pablo, que la transformación solo afecta al cuerpo no al individuo.  La identidad que caracterizaba a la persona durante su vida se retiene en el cuerpo espiritual que se le da. Si no fuera de esa manera, la resurrección perdería su sentido de un levantamiento de la persona a la vida de nuevo. Hasta Cristo al ser resucitado mantuvo su identidad como humano (Heb. 4:14, 15). Las evidencias en las Escrituras no deja duda que todos los que estarán con Cristo en los cielos tienen que morir y ser resucitados. (Rom. 6:5; 1 Cor. 6:14; 15:22; 2 Cor. 4:14; Filip. 3:10, 11)

Otra evidencia disponible en las Escrituras que prueba que la resurrección de los que pertenecen a Cristo es espiritual la tenemos en la respuesta de Cristo a los Saduceos. Los Saduceos para probar que la resurrección no era posible, en una conversación con Cristo apelaron a la ley del matrimonio de levirato, en el cual una mujer viuda que no ha tenido hijos se debe casar con uno de los hermanos de su fallecido esposo para continuar la línea sucesoria y la descendencia familiar. El planteamiento de ellos era que esta mujer había quedado viuda de los siete hermanos y ella misma murió, por lo que la pregunta fue: por tanto, en la resurrección, ¿de cuál de ellos será mujer? La respuesta de Cristo aparece en Lucas 20:34-36 (DHH) y dice: “Jesús les contestó: En la vida presente, los hombres y las mujeres se casan; 35 pero aquellos que Dios juzgue que merecen gozar de la vida venidera y resucitar, sean hombres o mujeres, ya no se casarán, 36 porque ya no pueden morir. Pues serán como los ángeles, y serán hijos de Dios por haber resucitado.” Los resucitados son como los ángeles dijo Cristo, y ¿cómo son los ángeles? son espíritus (Salmo 104:4; Hebreos 1:7) Por otro lado la declaración de Jesús no parece significar que los resucitados no reconocerán a sus familiares y amigos en el cielo. Simplemente denota que no debemos pensar del cielo como una extensión de la vida que ya conocemos. Los resucitados dejan de pertenecer al mundo terrenal, por lo que las relaciones matrimoniales se diluyen con la muerte (Rom.7:2).

CONCLUSIÓN

Como se mencionó antes, en el Antiguo Testamento aparece registrada tres resurrecciones y cinco en el Nuevo Testamento de personas que siguieron viviendo corporalmente en la tierra. Sin embargo no aparece ni una sola vez en toda la Biblia la esperanza de una resurrección terrenal. Es el caso que en el Antiguo Testamento no aparece la palabra resurrección aunque si nos lleva a pensar que tal idea aparece varias veces. En contraste en el Nuevo Testamento aparece alrededor de 50 veces y unas 30 veces levantado entre los muertos. Los testigos de Jehová señalan que Job creía en la resurrección, pero eso lo logran sacando de contexto sus palabras. Un examen de Job 14:12-15 muestra lo contrario, de acuerdo con este pasaje él pensaba que volver a vivir no era posible, pero deseaba que lo fuera. Sin embargo en el libro de Isaías 25:8 y 26:9 sí aparece la idea de una resurrección al decir: “Él eliminará la muerte para siempre…” “Tus muertos vivirán. Mis cadáveres se levantarán”. También en Daniel 12:2 dice: “Muchos de los que están dormidos en el polvo de la tierra se despertarán, algunos para vida eterna y otros para humillación y desprecio eterno”. Y en cuanto al propio Daniel el versículo trece agrega: “En cuanto a ti, sigue adelante hasta el fin. Descansarás, pero al fin de los días te levantarás para recibir tu parte”. También en Oseas 13:14 se dice: “Yo los rescataré del poder de la tumba; los reclamaré de la muerte”. Aunque todas estas referencias señalaran a una resurrección futura, ninguna indica dónde vivirían al ser levantado de la muerte.

Otro ejemplo de manipulación de parte de los testigos de Jehová está en la conversación que Cristo tuvo con Marta antes de resucitar a su hermano Lázaro. Las Escrituras dicen de esta manera: “Jesús le dijo: “Tu hermano se levantará”. 24 Marta le respondió: “Yo sé que se levantará en la resurrección, en el último día”. (Juan 11:23, 24 Pero en la Atalaya 1/11/1979 pág. 16 párr. 3 enseñan lo siguiente: “Marta estaba pensando en una resurrección de todos los muertos humanos a la vida de nuevo aquí en la Tierra bajo el reino de Dios por medio de Su Mesías, o Cristo”. ¿Cómo pueden tener la presunción de saber lo que Marta estaba pensando sin mostrar la fuente bíblica que lo diga? Marta solo dijo “Yo sé que se levantará en la resurrección, en el último día” y punto.

En el párrafo 5 de la misma Atalaya hablando sobre la resurrección de Abrahán agregan: “De modo que Abrahán tenía fe en la resurrección venidera de los muertos humanos bajo el reino del Cristo”. Solo hay una cita bíblica hecha por Pablo que dice sobre la fe de Abrahán en la resurrección, Esta dice: “Pero él llegó a la conclusión de que Dios podía levantarlo incluso de entre los muertos, y en efecto lo recibió de entre los muertos de manera simbólica”. (Heb. 11:19). Como vemos no se dice nada sobre la supuesta fe de Abrahán en la resurrección terrestre del resto de la humanidad.

Además, Cristo parece situar a Abrahán y otros en el cielo. En el pasaje que leeremos a continuación, Cristo establece un contraste entre el destino de los que tienen y no tienen fe. Leamos Mateo 8: 5-12: “Cuando entró en Capernaúm, se le acercó un oficial del ejército suplicándole ayuda. 6 Le dijo: “Señor, mi siervo tiene parálisis. Está acostado en la casa sufriendo muchísimo”. 7 Él le dijo: “Cuando llegue allá, lo curaré”. 8 Pero el oficial del ejército le respondió: “Señor, no merezco que entres bajo mi techo. Simplemente da la orden y mi siervo se curará. 9 Porque yo también obedezco órdenes y doy órdenes a los soldados que están bajo mi mando. A uno le digo ‘¡Vete!’ y se va, y a otro le digo ‘¡Ven!’ y viene, y a mi esclavo le digo ‘¡Haz esto!’ y lo hace”. 10 Al oír eso, Jesús se quedó asombrado y les dijo a los que lo seguían: “Les aseguro que no he encontrado a nadie en Israel que tenga una fe tan grande. 11 Les digo que muchos vendrán del este y del oeste y se sentarán a la mesa con Abrahán, Isaac y Jacob en el Reino de los cielos, 12 mientras que los hijos del Reino serán echados afuera, a la oscuridad. Ahí es donde llorarán y apretarán los dientes”.

Este oficial romano era despreciado por los judíos por ser un gentil. Sin embargo la fe de aquel hombre maravilló a Jesús y al mismo tiempo sacó a relucir la hipocresía de la mayoría de los judíos que eran los hijos del Reino’. Cristo aprovechó esta circunstancia para sacar a relucir las implicaciones del contraste entre los que ejercen fe y los que no lo hacen en relación con el destino futuro de ambos grupos. Muchos como este gentil romano vendrían del oriente y del occidente, es decir de toda la tierra y se sentarían en la mesa en “el Reino de los cielos” con Abrahán, Isaac y Jacob. Mientras los que no ejercieran fe, aunque fueran los hijos del reino, serian excluidos de tal cena. Notemos que Cristo sitúa esta reunión en el cielo no en la tierra y gramaticalmente entendemos que eso fue lo que quiso decir. En todos los evangelios la expresión “el Reino de los cielos” es usada para identificar un lugar único en los cielos. 

También apóstol Pablo parece ubicar la residencia permanente de Abrahán y otros siervos fieles del pasado en el cielo. En Hebreos 11:13-16 él escribió: “En fe murieron todos estos, aunque no consiguieron [el cumplimiento de] las promesas, pero las vieron desde lejos y las acogieron, y declararon públicamente que eran extraños y residentes temporales en la tierra. 14 Porque los que dicen tales cosas evidencian que buscan solícitamente un lugar suyo propio. 15 Y sin embargo, si verdaderamente hubieran seguido acordándose de aquel [lugar] de donde habían salido, habrían tenido la oportunidad de volver. 16 Pero ahora procuran alcanzar un [lugar] mejor, es decir, uno que pertenece al cielo. Por lo tanto, Dios no se avergüenza de ellos, de ser invocado como su Dios, porque les tiene lista una ciudad”. Las dos expresiones que se resaltan en las palabras de Pablo son “un lugar que pertenece al cielo” y “una ciudad lista para ellos”. La primera no tiene discusión y sobre la ciudad que Dios tiene lista parece identificarse más adelante en el versículo 22 donde Pablo continúa diciendo: “Mas ustedes se han acercado a un monte Sión y a una ciudad de[l] Dios vivo, a Jerusalén celestial, y a miríadas de ángeles”. ¿A qué otra ciudad pudiera haberse referido Pablo? Es verdad que ellos no tenían la promesa clara de un lugar celestial como nosotros, pero Dios se deleitó en su fe y, por medio de Jesucristo les ha preparado una ciudad (la Jerusalén celestial).

Es llamativo que aunque Cristo dijo que habría resurrección de justos como de injustos, el Nuevo Testamento solo nos informa de la resurrección de los justos o de los que Pablo llamó los que pertenecen a Cristo que vivirían en el cielo (Juan 5:28, 29; 1 Cor.15:22, 23). No estoy diciendo que una resurrección terrenal no pueda suceder, si es la voluntad de Dios se hará, pero no está revelado en las Escrituras. Por ahora todo lo que ha sido declarado sobre la muerte y la vida ha sido declarado por Cristo (2 Tim.2:10). Por tanto todo lo que se diga de más sobre una resurrección terrenal como lo ha hecho y lo sigue haciendo los testigos de Jehová en sus publicaciones es pura especulación. Es ir más allá de lo que está escrito y el hacerlo dice las Escrituras que puede llegar a ser malditos por Dios. (1 Cor. 4:6; Gál.1:8, 9)

·         Todas las referencias bíblicas son tomadas de la traducción del   Nuevo Mundo sino se aclara lo contrario.
Otras versiones citadas son:
BLA: Biblia Latinoamericana
DHH: Dios Habla Hoy
BTX: Biblia textual
LBLA: La Biblia de las Américas
NVI: Nueva Versión Internacional

¿Qué dice la Biblia sobre la segunda venida de cristo?




La venida de Cristo se ha esperado por los últimos dos mil años, sin embargo, no fue hasta el siglo 19 que hubo un re-avivamiento de esta doctrina en la medida que se iban formando diferentes grupos religiosos. Cada grupo trajo su propia interpretación. Desde entonces, sus pastores y maestros han luchado por conciliar sus doctrinas con la interpretación de los textos y pasajes bíblicos relacionados con la segunda venida de Cristo.  El resultado casi siempre ha sido que sus doctrinas no encajan con los mismos cuando se trata de este acontecimiento. La causa se debe a que cuando se interpreta la Biblia de manera literal y en el sentido gramatical que se corresponde, se tropieza con el significado obvio de que estos pasajes bíblicos significan lo contrario de lo que ellos enseñan. Uno de esos tropiezos está en las diferentes maneras de traducir el termino griego “PAROUSIA”.

Por ejemplo, de acuerdo con el Léxico griego de Thayer 3952, la palabra parousía la define como: venida, llegada, adviento. Pero el Diccionario Expositivo de Palabras del Nuevo Testamento de W. E. Vine bajo la palabra ADVENIMIENTO dice: “PAROUSIA [...] denota tanto una llegada como una consiguiente presencia con. De manera que la diferencia principal está entre “venida” y “presencia”.

¿VENIDA O PRESENCIA?

Es muy posible que muchos consideren que la diferencia entre ambas palabras no amerita una controversia. Es cierto que las dos palabras vienen del mismo término griego Parousia, pero doctrinalmente hay un gran abismo entre una y otra como veremos a continuación. Los testigos de Jehová en particular ponen el énfasis en “presencia” como el principal significado bíblico correcto de parousía. Lo hacen en su traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. Pero parece tener muy poco apoyo entre los traductores de la Biblia, ya que la mayoría de las traducciones bíblicas prefieren usar venida y no presencia

Que se tenga conocimiento, solo hay dos traducciones desde la traducción del Nuevo Testamento de Tyndale en 1535 hasta la Literal Translation of the Holy Bible de Robert Young en 1862 que tradujeron Parousía como presencia. Una de ellas fue la versión de Matthew’s Góspel por Daniel Scott en 1741 que presenta ‘presencia’ en las notas, pero mantiene la palabra ‘venida’ en el texto principal. La segunda fue la traducción del Nuevo Testamento de Gilbert Wakefield en 1791 y revisada en 1795, aun así, solo tradujo parousía como presencia en Mateo 24:39.

El primer traductor del siglo 19 que tradujo parousía como “presencia” en el capítulo veinticuatro de Mateo, probablemente fue Robert Young en su Literal Translation of the Holy Bible de 1862, y la razón de esto, fue que él intentó presentar los significados estrictamente literales de las palabras griegas en lugar de expresarlos en idioma moderno. Dos años más tarde lo hizo Benjamin Wilson en su The Emphatic Diaglott (1864) donde tradujo igualmente parousía como “presencia” las 24 ocasiones que esta palabra aparece en el Nuevo Testamento. También lo hizo The Emphasized New Testament por Joseph B. Rotherham en 1872. Rotherham da la explicación en el apéndice de la tercera edición de 1897 de por qué usó presencia y no venida, indica que al menos en parte, había llegado a aceptar la idea de la “venida en dos etapas”.  Posiblemente para usted, esta idea de una venida de Cristo en dos etapas nunca la había escuchado. Pero aquí está la controversia, ¿es la venida de Cristo un solo acto o es un proceso de varias etapas? A continuación, se explicará.

LA VENIDA DE CRISTO EN DOS ETAPAS


Se dice que el origen de esta doctrina se remonta al año 1830 en Port Glasgow una ciudad de Irlanda, donde Margaret McDonald de 15 años, y según ella, recibió una revelación donde le decía que la segunda venida de Cristo tendría lugar en dos etapas. La primera sería para recoger a un grupo de creyentes "preparados y selectos" que serían llevados al cielo para ir al encuentro del Señor antes de la aparición del anticristo, y la segunda etapa, después de la gran tribulación, al venir Jesús con sus santos. A esta idea se le llamó el “rapto secreto”.

El concepto comenzó a manifestarse en la Iglesia Católica Apostólica dirigida por Edward Irving en Londres, Inglaterra, y en el movimiento llamado los Hermanos de Plymouth dirigido por John Nelson Darby en Plymouth, Inglaterra. Los opositores de esta idea dicen que la Iglesia Católica Apostólica de Irving nació como resultado de las manifestaciones de lo que parecían ser expresiones sobrenaturales, como hablar en lenguas y profetizar. Más tarde las acusaciones afirmaron que esta idea tenía un supuesto origen demoníaco.

Aunque los adventistas de nuestros días no aceptan la idea del rapto secreto, si hubo adventistas que creyeron en la idea de Irving y Darby, estos fueron Benjamin Wallace Keith y Nelson Barbour, ellos adoptaron el concepto de la venida de Cristo en dos etapas. Pensaban que la primera etapa fue cuando Cristo se hizo presente de manera invisible en 1874, posteriormente Barbour publicó en el Herald of the Morning (El Heraldo de la Mañana) que estaba convencido que la segunda etapa seria en 1896, cuando Cristo se haría visible. Durante ese tiempo Barbour logró convencer a Charles T Russell, primer presidente de la Watch Tower de que la presencia invisible de Cristo había comenzado en 1874. (Proclamadores cap. 5 pág. 47). En vista de que esta teoría también fracasó, en 1920 el segundo presidente de la Sociedad Watch Tower Joseph F Rutherford trasladó la fecha de la presencia de Cristo de 1874 para 1914. Pero sin declararlo abiertamente adoptó la venida de Cristo en más de dos etapas hasta el día de hoy. Esta teología se hace evidente al enseñar que Cristo ha estado presente invisiblemente desde 1914 cuando comenzó a reinar. Pasan por alto el hecho, que para que Cristo estuviera presente desde 1914 forzosamente tuvo que haber venido antes. Esta “presencia” invisible llegó a ser la primera etapa. La segunda fue en 1918 cuando secretamente se llevó a todos los muertos en Cristo (Atalaya 1/11/79 pág. 29 párr. 10). También ese año vino para juzgar a los que afirmaban ser sus discípulos (Atalaya 1/3/04 pág. 16). Y la última etapa de la venida de Cristo será cuando venga a destruir la humanidad en Armagedón. Tal interpretación no solo sigue una idea oscura, posiblemente asociada con el ocultismo, peor aún es que contradice la enseñanza bíblica de un solo regreso de Cristo. (Heb. 9:28)

Algo que puede sorprender a algunos es saber que W. E. Vine fue uno de los más firmes defensores de la doctrina del “rapto secreto” del siglo veinte. Esto, al parecer, provocó que él definiese la palabra parousía de una manera que apoyase sus puntos de vista teológicos. Esto se puede ver en su definición completa de la palabra Parousía, esta dice: “PAROUSÍA […] denota tanto una llegada como una consiguiente presencia con. […] Cuando se usa del retorno de Cristo, en el Arrebatamiento de la Iglesia, significa no meramente su llegada momentánea a por sus santos, sino su presencia con ellos desde aquel momento hasta su revelación y manifestación al mundo”.

Ahora veamos como anuncia Cristo su regreso a sus discípulos en Juan 14:3, 18, 28: “También, si prosigo mi camino y les preparo un lugar, vengo otra vez y los recibiré en casa a mí mismo, para que donde yo estoy también estén ustedes.” …No los dejaré desconsolados. Vengo a ustedes. …Oyeron que les dije: Me voy y vengo [otra vez] a ustedes. …” Observemos que en armonía con la frase “vengo otra vez” que Cristo usó en tres ocasiones, podemos ver “Parousía” aplicada en un sentido más cercano a su entendimiento correcto como llegada o venida pero no como presencia. Por otra parte, si como se ve en el pasaje Cristo regresaría por ellos para que estuvieran con él en el cielo, ¿cuándo vendría?  

EL TIEMPO DE SU VENIDA


Como heredero de las doctrinas de los testigos de Jehová ya que mis padres eran de ese movimiento, activaron mi membresía como principiante en este grupo en 1953, solo contaba con siete años cuando me crearon la tarjeta de publicador. Ya para ese tiempo escuchaba que la venida de Cristo en la forma del Armagedón estaba cerca, solo a la vuelta de la esquina. Para la década de 1970 no tenía ninguna duda que cumpliría mis 30 años dentro del milenio. Aunque nada sucedió en 1975 como se esperaba, mantuve mis expectativas de ver la venida de Cristo como testigo de Jehová por 42 años más. Hoy tengo otras expectativas que son más confiables que las anteriores porque están basadas en la palabra de Dios y no en especulaciones humanas.  

Cuando examinamos las Escrituras Cristianas más a fondo que de costumbre, pudiéramos quedar asombrados de la prominencia que da los evangelios y el resto de los escritos cristianos a la venida de Cristo. Esta enseñanza fue proclamada abiertamente por los apóstoles y creída y esperada por todos los cristianos de aquel tiempo. Si aquellos cristianos esperaban la venida de Cristo de la forma que lo hacían, ¿significa que sabían ellos cuando él vendría? Hoy día lo que más pregonan los líderes religiosos, son las advertencias dadas por Cristo a sus discípulos de mantenerse alerta, estar listos y despiertos porque no sabemos ni el día ni la hora de su venida, esta será como un ladrón que nadie espera. Esta advertencia fue real en el primer siglo, los apóstoles siguieron dando la misma advertencia a sus hermanos cristianos. (Mat. 24:42, 44; 25:3; Mar. 13:33; Luc. 21:36 1 Tes. 2:1,2; 2 Ped. 3:10)

Ya llevamos casi dos milenios esperando ese regreso de nuestro Señor, pero en base a que seguimos sin saber ni el día ni la hora que vendrá, solo nos deja con la probabilidad de seguir esperando otros dos mil años o quizás más. Una espera indefinida como esta no tiene precedente en la Biblia. Si investigamos en el Antiguo Testamento, vamos a encontrar que todos los acontecimientos anunciados para el futuro, al igual que ha sido la venida de Cristo, fijaban un período de tiempo limitado para cumplirse, aunque no mencionara el día o la hora. Podemos alistar entre otros sucesos, cuando Dios le informó a Noé que la existencia de sus contemporáneos estaba limitada a ciento veinte años (Gén. 6:3). Se le dijo Abrahán que su descendencia llegaría a ser residente forastera en tierra ajena por cuatrocientos años (Gén. 15:13). Que el pueblo rebelde de Israel vagaría por el desierto por cuarenta años (Números 14:34) y que Israel saldría libre de Babilonia después de setenta años (Jer. 25:11; Dan. 9:2). Los involucrados en estos casos no sabían exactamente qué día llegaría el cumplimiento, pero estaban seguros de su cumplimiento dentro del tiempo señalado. De manera que es comprensible preguntarnos: Siendo un acontecimiento tan importante, ¿por qué se dejaría en absoluta oscuridad el tiempo de la segunda venida de Cristo? ¿Será cierto que los primeros cristianos no tenían ni idea de cuándo sería la venida de Cristo?

Muchos comentaristas de la Biblia opinan que la expresión “ni el día ni la hora” usada por Jesús, abarca toda medición de tiempo con relación a su venida. Otros han interpretado esta expresión como que podemos descubrir el mes o el año. ¿Nos dice la Biblia algo preciso al respecto? La respuesta es un sí, varios pasajes bíblicos parecen indicar que la expresión “el día y hora” más bien señala una fecha rigurosamente exacta de su venida, eso lo podemos notar en Marcos 13:35 donde Jesús dijo: “Por lo tanto, manténganse alerta, porque no saben cuándo viene el amo de la casa, si tarde en el día o a medianoche o al canto del gallo o muy de mañana;”. —Lea también Mateo 25:1-12. De manera que, aunque Cristo les hubiera dado el día exacto, todavía tendrían que estar alerta porque no sabían en que parte del día o la noche llegaría. Sin embargo, hay pasajes donde parece sugerir que la venida de Cristo se debía esperar dentro de un período de tiempo limitado. Examinemos a continuación algunos de estos. 

ANTES DE TERMINAR LA PREDICACIÓN A ISRAEL


Uno de estos pasajes está en Mateo 10:23 donde Cristo dijo: Pero cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque en verdad os digo: no terminaréis de recorrer las ciudades de Israel antes que venga el Hijo del Hombre(La Biblia de Las Américas). Sabemos que Jesucristo se aplicó a si mismo la expresión “Hijo del hombre” que aparece casi ochenta veces en las Escrituras Cristianas, por lo que no deberíamos tener ninguna duda que está haciendo referencia a sí mismo y a su venida. Si tomamos en cuenta el sentido gramatical de este pasaje, Jesús literalmente les está diciendo a sus apóstoles que él regresará antes que ellos terminen de recorrer todas las ciudades de Israel. ¿Es eso lo que usted ve o algo totalmente diferente, quizás una aplicación al mundo en general muchos siglos después?

Esta cita ha sido interpretada de diferentes maneras, hay quienes sugieren hasta cinco diferentes teorías. También están los que consideran que tiene más de un cumplimiento. Este es el caso de los testigos de Jehová, ellos ven un cumplimiento profético de este texto para nuestros días. En sus publicaciones abunda lo que ellos llaman el doble cumplimiento, el tipo y el anti tipo y el cuadro profético. Se puede decir sin equivocación que casi todas sus doctrinas se sostienen sobre este base. Sin embargo, es muy significativo el razonamiento a que se llegó en “Preguntas de los lectores “ en la Atalaya 15/3/15 págs. 17,18 con relación a los tipos y antitipos. Esta dice: “La Atalaya del 15 de mayo de 1951 explicó que “un tipo es una imagen o representación de algo que sucederá en algún tiempo futuro. El antitipo es la realidad de la cosa que el tipo representa. El tipo puede llamarse propiamente una sombra; el antitipo, la realidad”. … Entonces, ¿cómo podemos saber si un relato de la Biblia es un modelo de algo que ocurrirá en el futuro? El método más sabio es el siguiente: si la Biblia dice que una persona, un acontecimiento o un objeto tiene cumplimiento profético, lo aceptamos. Pero si no lo dice, no tenemos razones para buscar tipos y antitipos en las historias bíblicas”. Los que conocemos ampliamente la estructura doctrinal de este grupo, sabemos que llevar a la práctica este sabio entendimiento, significaría la desaparición de los testigos de Jehová tal como la conocemos hoy.

Hasta el 2017 cuando yo dejé de asociarme como testigo de Jehová, no se había hecho un solo cambio de sus doctrinas tradicionales basadas en este criterio. Seguían vigentes los cuadros proféticos, aunque la Biblia no dijera que los había.  Veamos como explican la interpretación de Mateo 10:23 en la Atalaya 1/8/87 págs 8, 9, esta comenta lo siguiente:  “Es verdad que Jesús dio esta instrucción, advertencia y estímulo a sus 12 apóstoles, pero también era para los que participarían en la predicación mundial después de su muerte y resurrección. ... “Por eso, cuando Jesús dijo que sus discípulos no completarían su circuito de predicación “hasta que llegue el Hijo del hombre”, estaba diciéndonos, proféticamente, que sus discípulos no completarían el circuito de toda la Tierra habitada con la predicación del Reino establecido de Dios antes que el glorificado Rey Jesucristo llegara como el funcionario encargado de ejecutar el juicio de Jehová en Armagedón”. ¿Notaron que recurren al omnipresente cumplimiento profético? Ahora, volvamos a leer Mateo 10:23 pero en la Traducción del Nuevo Mundo: “Cuando los persigan en una ciudad, huyan a otra; porque en verdad les digo: De ninguna manera completarán el circuito de las ciudades de Israel hasta que llegue el Hijo del hombre” Ahora examinemos los detalles del contexto de Mateo capítulo 10, para ver si podemos identificar un cumplimiento profético.

En el versículo uno encontramos que Jesús está dando instrucciones solo a los 12 apóstoles, y para que no haya duda se menciona hasta sus nombres. Ahora observemos lo que dice los versículos 5 y 6: “A estos doce Jesús los envió, dándoles estas órdenes: “No se vayan por el camino de las naciones, y no entren en ciudad samaritana; sino, más bien, vayan continuamente a las ovejas perdidas de la casa de Israel”. Estas palabras descartan un cumplimiento profético de predicación a nivel mundial. El versículo siete menciona el mensaje que debían llevar: Al ir, prediquen, diciendo: ‘El reino de los cielos se ha acercado’. De hecho, el mensaje completo que ya se estaba dando decía: “Arrepiéntanse, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mat. 4:17)

Ahora pensemos en el hecho que para los testigos de Jehová Cristo no obtuvo el reino celestial hasta 1914, unos 19 siglos después del anuncio de los apóstoles. Preguntémonos, ¿qué sentido tendría anunciarles a los judíos del primer siglo que se arrepintieran porque el reino de Dios se había acercado a ellos si no habría de aparecer hasta 1914? Eso hubiera sido un engaño premeditado y nada menos que por nuestro Señor. Lógicamente Mateo 10:23 no puede decir otra cosa que la venida del Señor sería antes de que le sobreviniera un suceso calamitoso a Israel, que él no les mencionó en ese momento, pero más tarde les dijo que era la destrucción de Jerusalén.

ANTES QUE PASE UNA GENERACIÓN


Este suceso fue declarado por Cristo a cuatro de sus apóstoles en una ocasión que estaba con ellos fuera del templo. El evangelio de Marcos 13:1, 2 narra lo que sucedió: “Al ir saliendo él del templo, uno de sus discípulos le dijo: “Maestro, ¡mira!, ¡qué clase de piedras y qué clase de edificios!”. Sin embargo, Jesús le dijo: “¿Contemplas estos grandes edificios? De ningún modo se dejará aquí piedra sobre piedra que no sea derribada”. La admiración de los discípulos por el tempo estaba justificada. El templo era la construcción más grande en el mundo de aquel tiempo, tres veces mayor que el templo de Salomón. Se dice que en la época de la Pascua podrían haber más de 250,000 personas en su recinto. Algunas fuentes dicen que cada piedra podía medir 35 pies de largo, por 15 pies de ancho y 10 pies de alto. Pero lo más importante para los judíos era que el templo era su único lugar de adoración a Dios.

El que todo este hermoso templo iba a ser destruido completamente, tuvo que haber ocasionado un gran impacto en la mente de estos discípulos.  No debe ser difícil imaginarnos que mientras caminaban al monte de los Olivos desde el templo, sus mentes estaban llenas de confusión e interrogantes, por lo que al llegar le preguntan: “Dinos, ¿cuándo sucederá esto, y qué señal habrá cuando todas estas cosas se hayan de cumplir?” (Marcos 13:4 LBLA) En el evangelio de Lucas la pregunta es similar pero no en el de Mateo. En Mateo 24:3 Biblia Textual dice: “Dinos, ¿cuándo será esto, y cuál la señal de tu venida, y de la consumación de la era?” Observemos que Mateo en su evangelio agregó una parte de la pregunta que faltó en los otros dos evangelios, esta era: “y cuál la señal de tu venida”.  La respuesta completa de Jesús a sus discípulos se encuentra registrada en Mateo 24 y 25, Marcos 13 y Lucas 21. La pregunta de Mateo 24:3 ha sido base de debates durante mucho tiempo, la gran mayoría de líderes religiosos, comentaristas bíblicos y lectores en general consideran que la pregunta se refería a la destrucción del templo, a la destrucción del mundo en general y el juicio final en la venida del Señor. Solo unos pocos dicen que abarcaba únicamente a la destrucción de Jerusalén y su templo.

Los testigos de Jehová están entre la mayoría, es decir los que aseguran que se trata de dos acontecimientos diferentes.  En la Atalaya 1/2/85 págs. 13-14 párr. 2 explican como ellos interpretan la pregunta: “Aquellos apóstoles querían saber más que lo que ocurriría entre aquel tiempo y la destrucción de Jerusalén. Jesús no volvió ni visible ni invisiblemente en aquella ocasión calamitosa. Tampoco concluyó el sistema de cosas que había existido desde el Diluvio cuando ocurrió la destrucción de Jerusalén en 70 E.C. En realidad, “la señal de [la] presencia [invisible de Jesús] y de la conclusión del sistema de cosas” había de aparecer mucho tiempo después de la vida terrestre de sus apóstoles”. ¿Cuánta verdad o especulación pudiera contener tal razonamiento? Es posible que la manera más justa y razonable de saber a qué se refiere la pregunta de Mateo 24:3 y su respuesta, es analizar las características de los que preguntaron y el que responde, hablamos de los discípulos y de su Maestro. Necesitamos saber si lo podemos aceptar tan simple como lo dice la Biblia o si realmente hay que considerar dos escenarios, uno en el primer siglo y otro en nuestros días.

DEMASIADO PARA USTEDES


De acuerdo con los evangelios, los apóstoles tenían una gran dificultad para entender muchos aspectos sencillos de la enseñanza de su Maestro. Por esa razón a veces Jesús los llamó faltos de entendimiento (Mar. 7:14-18; 8:14-17). Se hace obvio en el registro bíblico, que el maestro conoce el nivel intelectual de sus discípulos, su capacidad para discernir el significado de sus enseñanzas y el momento apropiado para compartírselas. Tenemos el caso de lo que él les dijo la noche antes de morir: "Tengo mucho más que decirles, pero en este momento sería demasiado para ustedes”. (Juan 16:12 Dios Habla Hoy Latinoamericana 1996). La torpeza y falta de inteligencia de aquellos discípulos para entender es comprensible, esto debido a sus orígenes humildes y sobre todo, que lo que enseñaba su Maestro era completamente desconocido hasta aquel entonces.
El caso es que al no compartir con ellos ni una de las muchas cosas que deseaba decirles, es evidencia de la consideración que el Señor tenía por ellos. Él no quería abrumarlos diciéndoles cosas que no entenderían. Otro caso lo tenemos un poco antes de que Cristo ascendiera al cielo, ellos le preguntaron: “Señor, ¿estás restaurando el reino a Israel en este tiempo?” (Hechos 1:6). Todavía ellos no habían captado que el reino que ellos mismos estaban predicando era celestial, seguían pensando en el reino mesiánico en términos de un sistema terrenal.  Pero el punto es que Jesús pudo haberle explicado en ese momento que el reino era celestial, pero no lo hizo, quizás para no dejarlos en confusión. Cristo sabía que unos días después ellos recibirían el espíritu santo, para enseñarles todas las cosas que ellos no llegaron a comprender y para recordarles todo lo que él les había dicho mientras estuvo con ellos (Juan 14:25, 26).

Bajo estas circunstancias, ¿podemos pensar razonablemente que estos discípulos estarían capacitados para pedir una señal sobre sucesos que supuestamente ocurrirían miles de años después que ellos murieran? Por otra parte, ¿no le importó a su Maestro abrumarlos con cosas que él sabía que ellos no iban a entender en ese momento? De manera que había de esperar que la respuesta de Cristo sería en proporción a su entendimiento. Por eso después de darles advertencias, les dio la respuesta concreta de los que ellos pidieron sobre cuándo sucederían estas cosas. Él les dijo: “En verdad les digo que de ningún modo pasará esta generación hasta que sucedan todas estas cosas” (Mateo 24:34). “Todas estas cosas” debe entenderse que se refería a la destrucción del templo, la venida de Cristo y el fin del sistema de cosas.

Ahora la pregunta clave sería: ¿a qué generación se refería Cristo?  El Diccionario Expositivo de palabras del Nuevo Testamento exhaustivo de W. E. Vine comenta sobre la palabra genea (γενεά, 1074), vertida en español como generación. Dice: miembros sucesivos de una genealogía (Mt 1:17), o una raza de gentes, poseyendo características o llamamientos similares. O de toda la multitud de personas viviendo en el mismo período.

LA GENERACIÓN QUE NO PASARÁ


Esta definición concuerda con la manera como Cristo llamó varias veces al conjunto de judíos opositores de su tiempo; “generación inicua y adúltera”, falta de fe y pervertida (Mat. 12:38-41; 16:4; 17:17) Esta sería la generación que lo rechazaría y le daría muerte (Luc. 11:25). En Lucas 11:50, 51 él dictó sentencia sobre esa generación cuando dijo: “para que la sangre de todos los profetas vertida desde la fundación del mundo sea demandada de esta generación, desde la sangre de Abel hasta la sangre de Zacarías, que fue muerto entre el altar y la casa’. Sí, les digo, será demandada de esta generación”. En el evangelio de Lucas la expresión generación aparece trece veces, nueve de ellas está precedida por el pronombre demostrativo “esta” [esta generación], haciendo patente que Cristo se estaba refiriendo a los judíos de su tiempo y no otra generación en el futuro. En Marcos 8:38 él enlaza aquella generación inicua con su venida, cuando dijo: Porque el que se avergüence de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del hombre también se avergonzará de él cuando llegue en la gloria de su Padre con los santos ángeles”. Observemos que Cristo no dice; el que se avergüence de mí en esta vida, como quieren hacer ver algunos, él fue enfático al decir, “el que lo haga en ‘esta generación’ yo haré lo mismo cuando llegue”. De modo, que no parece haber dudas que la generación de judíos contemporáneos de Jesús no pasaría sin ver todas las predicciones que leemos en Mateo 24. La palabra de nuestro Señor estaba comprometida por lo que su cumplimiento estaba más garantizado que la permanencia del cielo y la tierra (Mateo 24:35).

Los testigos de Jehová han teorizado sobre otra generación diferente a la del primer siglo, a una de nuestros tiempos. Pero sabemos que han caído en el descredito por el fracaso de sus predicciones. Por muchos años han estado señalando la generación de 1914 como la generación de la que habló Cristo que no pasaría sin ver el fin. Por ejemplo, hasta el año 1969, enseñaban que tal generación tendría que estar compuesta por los jóvenes que tenían unos 15 años en 1914 (Despertad 8/3/1969 págs.13-14). En 1981 cambiaron la generación para los que tenían 10 años (Atalaya 1/4/1981 pág. 30). En 1984 a los que eran infantes (Atalaya 15/5/1884 pág. 5). Para 1988 eran los que habían nacido en 1914 (Despertad 8/3/1988 pág. 14). En vista de que ya era imposible extender más el tiempo de una generación, se inventaron una fuera de todo sentido común, la generación traslapada entre sus ‘ungidos’. (Atalaya 15/4/2010 pags.10-11 párr. 14).

ANTES QUE MURIERAN TODOS LOS APÓSTOLES


El evangelio de Mateo tiene otro pasaje que parece indicar lo mismo que los anteriores, es decir un regreso de Cristo dentro de un período de tiempo específico y limitado. Este se encuentra en Mateo 16:27, 28 (Biblia textual) dice: “Porque el Hijo del Hombre está al venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces recompensará a cada uno según su conducta. De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que de ningún modo gustarán la muerte hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino”.  

Grupos cristianos difieren en la interpretación de estas palabras. Piensan que pudo referirse a su muerte y resurrección, o al evento de Pentecostés, o a la destrucción de Jerusalén en 70 E.C., o a la transfiguración de Cristo y también a la segunda venida. Pero esta última es descartada, porque según alegan, todos los apóstoles murieron sin presenciarla. La interpretación escogida por los testigos de Jehová ha sido la transfiguración de Cristo. Sobre este suceso Mateo 17:1-5 nos dice: “Seis días después Jesús tomó consigo a Pedro y a Santiago y a Juan su hermano, y los llevó a una montaña encumbrada donde estuvieron solos. Y fue transfigurado delante de ellos, y su rostro resplandeció como el sol, y sus prendas de vestir exteriores se hicieron esplendorosas como la luz. Y, ¡mire!, se les aparecieron Moisés y Elías, que conversaban con él. Tomando Pedro la palabra, dijo a Jesús: “Señor, es excelente que estemos aquí. Si quieres, erigiré aquí tres tiendas: una para ti y una para Moisés y una para Elías”. Mientras él todavía hablaba, ¡mire!, una nube brillante los cubrió con su sombra, y, ¡mire!, una voz procedente de la nube, que decía: “Este es mi Hijo, el amado, a quien he aprobado; escúchenle”.”

En el libro Escogiendo el mejor modo de vivir, los Testigos de Jehová exponen lo siguiente: En cuestión de días, esas palabras de Jesús se cumplieron. Llevando consigo a los apóstoles Pedro, Santiago y Juan, el Hijo de Dios subió a una alta montaña, probablemente Hermón. En algún ramal corto de esta montaña sucedió lo siguiente: “[Jesús] fue transfigurado delante de ellos, y su rostro resplandeció como el sol, y sus prendas exteriores de vestir se hicieron esplendorosas como la luz.” Así, a los tres apóstoles se les confirmó que la venida de Jesús en el poder del Reino ciertamente sería gloriosa. Entonces se formó una “nube brillante” y de ella salió una voz que dijo: “Éste es mi Hijo, el amado, a quien he aprobado; escúchenle.”—Mateo 17:1-5. (bw cap. 3 págs. 36-37 párr. 19)

 Esta interpretación es ridícula, es tan inverosímil y artificial suponer que sus palabras; “algunos de los que están aquí no gustarán la muerte hasta que vean el reino de Dios” se refería a un suceso que verían solo seis días después, cuando lógicamente todos ellos, no algunos todavía vivirían. Además, ¿cómo podía la transfiguración representar su venida si esta sería en la gloria de su Padre y acompañada con ángeles donde se haría un juicio para recompensar a cada uno conforme a sus hechos como muestra Mateo 16:27?  Jamás podría haber pasado por la mente de los apóstoles que el Señor se refería a la transfiguración.  La forma misma de la expresión muestra que el suceso del que se habla no podía ser dentro de seis días, más bien encajaría en un período de tiempo más largo, de varios años, donde poco a poco de forma natural o no irían muriendo los apóstoles hasta solo quedar algunos tal como sucedió en el caso de Juan. Los apóstoles no entendieron que Cristo se refería a la transfiguración. Lo sabemos por el relato que aparece en Juan 21:20-23, donde dice: “Volviéndose, Pedro vio al discípulo a quien Jesús amaba, que venía siguiendo, el que en la cena también se había recostado sobre su pecho y dicho: “Señor, ¿quién es el que te traiciona?”. Por eso, cuando alcanzó a verlo, Pedro dijo a Jesús: “Señor, ¿qué [hará] este?”. Jesús le dijo: “Si es mi voluntad que él permanezca hasta que yo venga, ¿en qué te incumbe eso? Tú continúa siguiéndome”. Por consiguiente, entre los hermanos salió este dicho: que aquel discípulo no moriría. Sin embargo, Jesús no le dijo que no moriría, sino: “Si es mi voluntad que él permanezca hasta que yo venga, ¿en qué te incumbe eso?”.

Jamieson, Fausset y Brown comentan que Cristo quiso corregir el malentendido entre los hermanos de que Juan no moriría, pero en el pasaje la única corrección que se hace es a Pedro, y fue para que no se meta en lo que no le incumbe. Cristo no aclara la situación sobre Juan, pero es un hecho que los demás lo aplicaron a Juan tal como realmente sucedió. Pero la clave de la conversación es que la segunda venida de Jesús acontecería mientras todavía alguno de ellos vivieran, sugiriendo que sería dentro de poco tiempo.

CRISTO VIENE DENTRO DE POCO


Otra evidencia bíblica que parece indicar que el regreso de Cristo era inminente, está en su discurso de despedida antes de su muerte, ya antes considerado. Pedro le preguntó: “Señor, ¿adónde vas?”.  Jesús contestó: “A donde yo voy no puedes seguirme ahora, pero seguirás después” (Juan 13:36). La tristeza de los apóstoles ante la separación de su Maestro era evidente para Jesús. Para tranquilizarlos los anima con la siguiente promesa: “No se les perturbe el corazón. Ejerzan fe en Dios, ejerzan fe también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas. De otra manera, se lo hubiera dicho a ustedes, porque voy a preparar un lugar para ustedes. También, si prosigo mi camino y les preparo un lugar, vengo otra vez y los recibiré en casa a mí mismo, para que donde yo estoy también estén ustedes. … No los dejaré desconsolados. Vengo a ustedes. … Oyeron que les dije: Me voy y vengo [otra vez] a ustedes.” (Juan 14:1-3, 18, 28) Observemos que se iba a prepararles un lugar en el cielo y regresaría por ellos. ¿Cuándo regresaría? Les dijo. “Dentro de poco no me contemplarán más, y, otra vez, dentro de poco me verán. (Juan 16:16)

Estas palabras pudieran entenderse que Cristo hablaba de que dejarían de verlo solo un día después cuando lo mataran y que volverían a verlo al resucitar tres días más tarde. Pero Pablo usó la misma expresión cuando Jesús ya estaba en los cielos. Él escribió en Hebreos 10:37: “Porque aún “un poquito de tiempo”, y “el que viene llegará y no tardará”. De acuerdo con el Nuevo Testamento, los apóstoles y demás cristianos creían que la venida de su Señor era un suceso que acontecería en sus días que ya estaba a las puertas (Filip. 4:5; 1 Tes. 3:13; 5:23; 1 Tim. 6:14; Heb. 10:25; Sant. 5:7-9). De hecho, algunos cristianos de Tesalónica se desconsolaron porque erróneamente lo esperaban demasiado pronto y Pablo tuvo que escribirles lo siguiente:  “Pero con respecto a la venida de nuestro Señor Jesucristo y a nuestra reunión con él, os rogamos, hermanos, 2 que no seáis sacudidos fácilmente en vuestro modo de pensar, ni os alarméis, ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera de nosotros, en el sentido de que el día del Señor ha llegado.” (2 Tes. 2:1, 2 LBA).


¿CUÁL SISTEMA DE COSAS LLEGARÍA A SU FIN?


Con relación a la conclusión del sistema de cosas que preguntaron los discípulos, son relevantes los comentarios hechos por Pedro y Pablo al respecto. Cuando el espíritu santo fue derramado sobre los 120 discípulos en Pentecostés, Pedro aplicó este acontecimiento como un cumplimiento de las palabras de Joel 2:28-32 al decir: “Por el contrario, esto es lo que se dijo por medio del profeta Joel: ‘“Y en los últimos días —dice Dios— derramaré algo de mi espíritu sobre toda clase de carne, y sus hijos y sus hijas profetizarán, y sus jóvenes verán visiones y sus viejos soñarán sueños;” ¿Los últimos días de qué? No podía estar refiriéndose a los últimos días de la humanidad, porque un poco más adelante los exhortó a salvarse de aquella generación torcida (Hechos 2:40) Este versículo fija la referencia del discurso del apóstol. Era la generación existente, el sistema de cosas judío cuya destrucción venidera él preveía, y él urgía a sus oyentes a escapar.

Para el año 64 E.C. cuando Pedro escribió su segunda carta volvió a mencionar los últimos días, en 2 Ped. 3:1-4, él dijo: “Amados, esta es ya la segunda carta que les escribo, en la cual, como en mi primera, estoy despertando sus facultades de raciocinio claro a modo de recordatorio, 2 para que se acuerden de los dichos hablados previamente por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador mediante los apóstoles de ustedes. 3 Porque ustedes saben esto primero, que en los últimos días vendrán burlones con su burla, procediendo según sus propios deseos 4 y diciendo: “¿Dónde está esa prometida presencia de él? Pues, desde el día en que nuestros antepasados se durmieron [en la muerte], todas las cosas continúan exactamente como desde el principio de la creación” ¿Estaría Pedro despertando las facultades de raciocinio de aquellos cristianos judíos para hablarles de los burlones de nuestro tiempo? Difícilmente, porque él continúa diciéndoles: Puesto que todas estas cosas así han de ser disueltas, ¡qué clase de personas deben ser ustedes en actos santos de conducta y hechos de devoción piadosa, esperando y teniendo muy presente la presencia del día de Jehová, … “Por eso, amados, ya que están esperando estas cosas, hagan lo sumo posible para que finalmente él los halle inmaculados y sin tacha y en paz”. (2 Pedro 3: 11, 12, 14) Pedro exhorta a titulo personal a sus hermanos cristianos a que tengan una buena conducta mientras espera la venida del Señor.

Por su parte Pablo escribió 15 años antes de la destrucción de Jerusalén lo siguiente: “Más bien, hablamos la sabiduría de Dios en un secreto sagrado, la sabiduría escondida, que Dios predeterminó antes de los sistemas de cosas para nuestra gloria. Esta [sabiduría] ni uno de los gobernantes de este sistema de cosas la llegó a conocer, porque si [la] hubieran conocido, no habrían fijado en el madero al glorioso Señor.” (1 Cor. 2:7, 8) En la misma carta, pero en el capítulo diez y versículo 11 volvió hablar del sistema de cosas diciendo: “Pues bien, estas cosas siguieron aconteciéndoles como ejemplos, y fueron escritas para amonestación de nosotros a quienes los fines de los sistemas de cosas han llegado.” Y hablando sobre el tiempo en que Cristo presentó su sacrificio en el cielo, dijo en Gálatas 1:4: “Él se dio por nuestros pecados para librarnos del inicuo sistema de cosas actual según la voluntad de nuestro Dios y Padre,” Con palabras parecidas les escribió a los judíos dispersados por el imperio romano lo siguiente: “De otro modo, tendría que sufrir muchas veces desde la fundación del mundo. Mas ahora se ha manifestado una vez para siempre, en la conclusión de los sistemas de cosas, para quitar de en medio el pecado mediante el sacrificio de sí mismo.” (Heb. 9:26)

Toda esta evidencia solo nos puede llevar a concluir que la pregunta de Mateo 24:3 era referente al fin del sistema de cosas judío y ningún otro. Son tan poderosas las pruebas sobre el cumplimiento de “todas estas cosas” en la generación de judíos contemporáneos con Cristo que en la Atalaya 1/7/83 págs. 16-17 párr. 4 se reconoce el hecho, pero como es habitual en los testigos de Jehová,  ellos proclaman que aquello solo fue un cumplimiento en miniatura con relación a la grande tribulación a todo el mundo de la humanidad. Naturalmente no aportan una sola evidencia que pruebe tal alegación. En cuanto al cumplimiento de la predicación a todas las naciones mencionada en Mateo 24:14, Pablo dice lo siguiente en Colosenses 1:23: “con tal que, por supuesto, continúen en la fe, establecidos sobre el fundamento, y constantes, y no dejándose mover de la esperanza de esas buenas nuevas que ustedes oyeron, y que se han predicado en toda la creación que está bajo el cielo”. Observemos que Pablo no dice que se están predicando, sino que ha sido predicado, como hecho cumplido.

CONCLUSIÓN


Tal como se ha analizado, aunque tanto el término venida como presencia se traduce de la misma palabra griega Parousia, hay una gran diferencia doctrinal en cómo se interpreta la venida de Cristo en ambos casos. Tomando como ejemplo el uso de parousía en Mateo 24:3, este no puede referirse a una “presencia invisible” como si se tratase de una “venida en dos o más etapas”. Este concepto tomado por los testigos de Jehová de promotores del rapto secreto a principios del siglo 19, no solo lo hace inadecuado por su origen oscuro, más bien es por su contradicción con la enseñanza bíblica que muestra que la venida de Cristo es un solo acto, donde regresa a buscar a los fieles y viene con sus santos ángeles para hacer juicio (Juan 14:1-3, 18, 28; 16:16; Mateo 16:27).

Pero, supongamos que aplicamos la expresión técnica de Parousía que se usaba en Oriente para designar la llegada de un rey o emperador a la venida de Cristo. Cada vez que un rey o emperador anunciaba una visita a una ciudad, se producían acontecimientos singulares en ella. Las calles se reparaban, las multitudes se congregaban para rendir homenaje al emperador, había procesiones, toque de trompetas, aclamaciones, discursos, regalos y festejos. A menudo una nueva era se contaba a partir de la parousía del emperador, y se acuñaban monedas para conmemorarla. Preguntémonos, ¿qué eventos importantes visibles hemos presenciado en el mundo a partir de 1914, fecha que los testigos de Jehová toman para la presencia de Cristo?

En cambio, si la venida de Cristo hubiera sido antes de que terminara la predicación a las ciudades de Israel, dentro de la generación judía contemporánea con Cristo. Mientras que todavía vivía alguno de los apóstoles y alrededor del poco tiempo que Cristo les prometió a sus discípulos que regresaría, entonces no hay evidencia más visible de su venida que la destrucción del templo en Jerusalén y la desaparición del pueblo judío como nación.

Naturalmente debemos reconocer que aun con las evidencias consideradas donde parece sugerir que la venida de Cristo ya aconteció, nadie puede afirmarlo categóricamente ya que la Biblia guarda silencio en cuanto a si realmente sucedió o no. Pero eso no impide que personalmente analicemos las evidencias y lleguemos a nuestras propias conclusiones y actuemos en conformidad con la fe que pongamos en ellas.


Próximamente publicaré una segunda parte, en ella se estará analizando lo que dice la Biblia sobre la resurrección de los muertos. Gracias por leer el artículo y aprecio cualquier comentario, aportación y critica siempre y cuando se haga con la Biblia de manera literal tal como se ha presentado este artículo.